El clandestinaje y posibles soluciones

calzadoEl clandestinaje no se presenta en sectores como la banca, la fabricación de automóviles, las farmaceúticas,. etc., la razón se debe a que son sectores intensivos en capital donde las máquinas incrementan la productividad y, al crear mayor valor añadido (diferencia entre el precio de venta y el coste de materias primas y demás costes externos), permite retribuir mejor los factores de producción capital y trabajo. En los sectores intensivos en conocimiento (estudios de ingeniería, abogados, arquitectos, etc.) también pasa lo mismo. La tarta a repartir entre trabajadores y empresarios es grande y evita que se dé la economía sumergida, se remunera a un trabajo cualificado que es la base de la competencia.

Sin embargo, en los sectores manufactureros, intensivos en mano de obra, donde la mecanización de la producción avanza lentamente, se enquistan los problemas económicos y sociales derivados del clandestinaje. No hay que olvidar que en la comarca de Elda, donde el calzado es la fuente de empleo principal, los problemas de inseguridad en el cobro de pensiones, quedarse a la intemperie porque el paro se agota o cierran las empresas se está viendo con toda su dramatismo en esta época de crisis.

Este es el problema estructural del calzado que hay que abordar. Las inspecciones laborales no pueden solucionar un problema que tiene su origen en que la tarta que generan las empresas del calzado locales (valor añadido) no es lo suficientemente grande para remunerar con dignidad y eficiencia al trabajo y capital. Es evidente que la solución pasa por incrementar la tarta de reparto, pero ¿cómo se puede hacer?, actuando en tres campos: la mecanización del calzado, la diversificación de la industria auxiliar y la diferenciación del calzado local.

La mecanización del calzado se ha acelerado en estos últimos tiempos, pero con países como Italia o Alemania que son los punteros en estas tecnologías, lo que supone que, el trabajo que se amortiza al mecanizarlo, no se puede crear aquí en la fabricación de las máquinas. No hay que olvidar que el segundo gran problema que tiene esta comarca, y España en general, es el cambio cualitativo de la oferta de trabajo. Todos estamos viendo la emigración de jóvenes cualificados por falta de oferta de trabajo adecuada a su preparación. Es un fenómeno que afecta al bienestar de las generaciones futuras ante el que no podemos quedarnos con las manos cruzadas. No es fácil alcanzar a los países punteros en tecnología, pero si el clúster que forman las empresas del calzado, auxiliares, de maquinaria, INESCOP y universidad crearan sinergias entre ellas, buscando financiación para proyectos conjuntos o transfiriendo conocimiento se podría acelerar el proceso de acercamiento. Sin olvidar el problema financiero que en la actualidad estrangula a la industria: se deben abrir los cauces para que aquellas empresas que deseen renovar sus equipos industriales encuentren financiación barata y con plazo para pagarla y a las empresas que fabrican las máquinas, sin son nacionales, también.
El segundo campo es la diversificación. Como reconoce Manuel Román, presidente de la Asociación Española de Componente del Calzado, la crisis ha permitido diversificar a la industria auxiliar del calzado y hoy muchas de las empresas destinan más del 50% de su producción a sectores distintos al calzado. El proceso de diversificación ya está en marcha, sólo hace falta potenciarlo con el arropamiento logístico y financiero necesario.

En tercer pilar sería intervenir en la diferenciación del calzado hecho aquí. En la actualidad Elda y su comarca se ha especializado en un calzado de señora de calidad media-alta que está compitiendo con firmas italianas, alemanas y francesas, con series de producción pequeñas y adaptadas a los cambios de temporada. Pero para poder seguir sobreviviendo en un mercado tan competitivo hay que continuar dando pasos para lograr que el consumidor vea en tu producto algo distinto a lo de la competencia. La propuesta sería incorporar una etiqueta digital para al calzado fabricado aquí. La etiqueta informaría al consumidor no sólo de la calidad de los componentes y confort, sino de la contribución al medio ambiente de sus procesos productivos y responsabilidad social con sus trabajadores y la sociedad en general. Se trataría de crear un producto dentro de la órbita que se ha venido en llamar Economía del Bien Común que cada vez gana más adeptos. Si lo lográramos seríamos pioneros y marcaríamos tendencia, porque el crecimiento económico o es compatible con la sostenibilidad medioambiental y social o no habrá futuro.

Y para completar estas propuestas no vendría mal un proyecto de escuela de expertos en el sector calzado en tecnología, diseño y moda que favoreciera la formación de profesionales del calzado del siglo XXI.

Para conseguir todo esto los ayuntamientos implicados pueden hacer mucho, no para liderar estos procesos, sino para acompañar a todos aquellos empresarios y emprendedores que quieran caminar y contribuir juntos a incrementar el bienestar futuro de nuestra población con bases de sostenibilidad social y medioambiental distintas a las actuales.

Arxivat en: Comarcal

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